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28 de enero 2002 Número
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El Cardenal Roger Etchegaray recibió del SEUIA-ITESO el Doctorado honoris causa. |
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s la realidad de los otros la que siempre nos desafía para solidarizarnos. Es el otro la experiencia del misterio de Dios", escribió alguna vez el Eminentísimo Cardenal Roger Etchegaray, uno de los más respetados y conocidos hombres de la Iglesia y de la comunidad académica internacional, así como persistente defensor de los derechos humanos. Por tales virtudes fue el que el SEUIA-ITESO, por decisión unánime del Senado Universitario de la Ibero Ciudad de México, otorgó en 1998 el Doctorado honoris causa al Cardenal, de origen francés. Sin embargo, por motivos derivados de su jubilación (Su Eminencia nació en 1922) y de la Presidencia del Comité Central para el Jubileo del Año Santo 2000, fue hasta el 18 de enero de este año que pudo venir a nuestra casa de estudios para recibir dicha investidura, primera que se entrega a un extranjero. Su visita a la Ibero le permitió conocer el Archivo de Libros Antiguos y Raros de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero y la Capilla Universitaria, pero también convivir de cerca con la comunidad estudiantil y académica durante una reunión con alumnos de la carrera de Comunicación. En los días previos, el también Presidente Emérito del Pontificio Consejo "Justicia y Paz" cumplió una apretada agenda que le llevó a reunirse lo mismo con los indígenas de Chiapas que con el Presidente de la República. Fue durante la noche del viernes 18 que el Auditorio José Sánchez Villaseñor acogió a Su Eminencia para la solemne ceremonia en la que nuestro Rector le hizo entrega del Doctorado honoris causa a nombre del SEUIA-ITESO. Durante esa ocasión, el Cardenal dirigió un mensaje sobre el sentido de la defensa de los derechos humanos y la realización de la justicia, en el cual expresó que si bien es cierto que la humanidad está protegida, desde hace más de cincuenta años, por la Declaración de los Derechos del Hombre, ésta sólo puede mantenerse firme si la sostienen mujeres y hombres capaces de dar la vida por ella. Ante representantes de diversos sectores eclesiásticos, académicos y políticos, Su Eminencia señaló que "ante la situación vacilante del mundo, el hombre moderno siente que no hace pie y comienza a dudar de sí mismo. Tiene miedo del futuro. El llamado que dirige de forma desordenada a los derechos del hombre es el grito instintivo de alguien que quiere sobrevivir. Sin embargo, qué elástica es su definición, qué diversidad hay en su despliegue, qué abismo entre el Occidente y el Oriente, entre el Norte y el Sur, qué mercadería existe entre los países cuando hacen concesiones para proteger mejor sus propios intereses, ¡y tratan los derechos humanos como moneda de cambio!" Este, dijo, es el caótico panorama en el que se mueve hoy el promotor de los derechos del hombre, quien, enfatizó, debe hacer frente a un nuevo fenómeno que exige mucho esfuerzo de su parte: el extremismo, que encuentra en su versión religiosa la manifestación más dura de todas. Aseguró también que la lucha por los derechos del hombre es como una guerra de desgaste que no se puede resistir, salvo que se combata juntos. "Estos mismos promotores que piden nuestra solidaridad con todos los oprimidos esperan también nuestra solidaridad con ellos mismos", destacó. Finalmente, subrayó que una de las tareas del promotor de los derechos del hombre es la de acompañar cada denuncia con un anuncio: no se puede denunciar el mal sin anunciar al mismo tiempo el bien, que, auguró, está próximo, o se puede ya entrever. A su vez, el Mtro. González Torres se refirió al Cardenal Etchegaray como alguien que siempre ha reencontrado la esperanza dondequiera que haya ido. |
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