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2 de Septiembre de 2002 Número
46 |
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Como Dios manda Iñigo Pintos* |
| Me contaron que hace varios años algunos profesores de la Universidad, junto con un grupo de alumnos, se acercaron a un jesuita para exponerle sus inquietudes sobre una mayor formación espiritual. En respuesta ofreció las fechas en que podían inscribirse a alguno de los retiros que se impartían. Varios se inscribieron, otros no, pero todos dijeron que necesitaban algo más, y no porque la experiencia de ejercicios fuera mala, al contrario, asistir a un retiro es una vivencia extraordinaria pero siempre deja sed de conocer más. El jesuita recurrió entonces a los medios privilegiados y a la vez ordinarios que se tenían a mano, les recordó que él mismo y otros padres de la Ibero están siempre dispuestos a buscar un espacio para escuchar y platicar sobre las inquietudes o dudas que tiene cada quien, y terminó animándolos a frecuentar los sacramentos, en particular la misa y la confesión. Sin embargo grande fue su sorpresa cuando empezó a escuchar sus objeciones: ¿La misa?, no la entiendo, dijeron algunos. Ya asisto con regularidad pero quiero entenderla más, afirmaron otros. A estas se sumaron como lluvia otras preguntas: ¿Cómo puedo hacer una buena confesión? ¿Qué dijo el Papa sobre tal cosa? ¿Qué es para San Ignacio el examen de conciencia? ¿Qué es el discernimiento, es posible hacerlo en la vida cotidiana o solamente en retiros, cómo se hace?, ¿Cómo podemos hacer un grupo cristiano? ¿Cómo saber si hago bien mi oración? Quiero saber más de la vida de San Ignacio. No sé rezar, no entiendo la Biblia, quiero conocer el Catecismo de la Iglesia, etcétera. En fin, querían más medios para formarse como cristianos y conocer la religión que un día les inculcaron, para crecer en su propia vivencia de Dios y de la fe. Una persona muy allegada a ese jesuita me dijo que, días después, juntó a todos y les dijo: “vamos a formar poco a poco, una pequeña, pero bien surtida biblioteca, se van a buscar a los mejores autores que han escrito sobre cada tema, vigilando que sean comprensibles para aquellos que no tienen estudios filosóficos o teológicos, pero que al mismo tiempo sean atractivos incluso para filósofos y teólogos”. Desde entonces han pasado más de diez años en los que, gracias a la participación de muchas personas y al financiamiento de los jesuitas, se ha logrado formar una muy útil biblioteca sobre temas religiosos, espirituales y pastorales, y se ha logrado también que sea especializada, sin ser para especialistas, pero a la cual acuden algunos que sí lo son. La biblioteca tiene un acervo de casi mil 500 títulos bajo el mismo sistema de clasificación que nuestra Biblioteca Francisco Xavier Clavigero. Está ubicada en las oficinas de la Capilla San Francisco Javier, en el edificio K (junto a Copsa). El requisito de préstamo es tu alta como usuario. Es una biblioteca como Dios manda, con libros escritos entre otros autores, por Anthony de Mello, SJ, Carlos G. Vallés, SJ, Larrañaga, Michel Quoist, Carlos María Martiní, etc. En su colección hay manuales sobre la oración personal, comentarios a la Biblia, encíclicas, biografías, temas para novios y mucho más. Nos gustaría que algún día la visitaras. Y nos gustaría que recordaras los otros medios, privilegiados y a la vez ordinarios, como la misa, la confesión, y a los padres de la Ibero, siempre dispuestos a escuchar y platicar sobre las inquietudes de cada quien. Especialmente no olvides esa “cajita” que está en la capilla, a la que llamamos sagrario, en donde está Jesús esperándonos y esperándonos, casi siempre solo. * Colaborador
del Centro Universitario Ignaciano |