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30 de agosto Número 130
Nueva Época |
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A propósito de las olimpiadas ... Píndaro: grandeza olímpica Víctor M. Pérez Valera* |
| Uno de los propios del hombre, característica idefectible que va unida a su esencia es el juego: homo ludens. El arte, la tragedia, la filosofía, el mito religioso y los juegos son parte de la gran herencia griega. Los juegos tienen un poco de todo: arte, triunfo y derrota, reflexión sobre la vida, celebración religiosa. Al menos así los presenta Píndaro, el príncipe de los poetas líricos y el cantor por antonomasia de los juegos olímpicos. Desde la antigüedad, en Grecia los juegos estaban unidos a las celebraciones de los dioses míticos: los juegos olímpicos se celebraban en honor de Zeus, los píticos en Delfos en honor de Apolo, los ístmicos en Corinto en honor de Poseidón y los nemeos en Nemea en honor de Hércules. Pero sobre éstos y otros juegos destacaban las olimpiadas: “sobresale entre todos los bienes, - canta Píndaro- por su excelencia, el agua, y el brillante oro entre las demás riquezas, así, entre los certámenes, no hay ninguno más distinguido que los juegos olímpicos. En ellos, ante todo se propiciaba la paz. La tregua de la guerra, la llamaban ekejería, y era necesaria para la seguridad de los caminos. Nadie se atrevería a quebrantar “la paz de Zeus”. Además, los juegos fomentaban la fraternidad, eran panhelénicos, convocaban a todas las ciudades de Grecia, superando las rivalidades políticas y los intereses provincianos. Finalmente, como ya indicamos, se celebraba a los dioses. Píndaro alaba a los dioses tradicionales, pero su concepción de ellos es más elevada que la de Homero y Hesíodo: Zeus gobierna el mundo y nada escapa a su mirada. El poeta frecuentemente utiliza la palabra Theos en singular que algunos traducen como Dios, con mayúscula: “Que cosa es Dios, se pregunta Píndaro, y responde, es lo más perfecto.” Paradójicamente los juegos olímpicos fueron suprimidos por Teodosio I el Grande hacia 393, por considerarlas celebraciones paganas. En los actuales juegos no hay oficialmente nada de religioso, sino sólo un fugaz signo de la cruz o un gesto como el de Justin Gatlin, triunfador en los 100 metros, que antes de celebrar su triunfo se arrodilló unos segundos y con las manos juntas recitó una breve plegaria. Píndaro celebra en sus odas al cosmos y al hombre, canta al mundo como algo bello, como cosmos, y del hombre exalta la felicidad de sus triunfos, pero de pronto, en un “salto lírico”, también recuerda la inconstancia de la fortuna: “En una hora el deleite humano crece y en una hora cae al suelo cuando la fortuna vuelve su rostro a otro lado. El hombre es un ser de un día”. También señala que “múltiples errores rodean al pensamiento humano”. Brillante y profunda es su descripción del hombre al final de la VIII Pitia, como “el sueño de una sombra”. El valor de lo humano radica en su virtud, “areté”, y en la moderación: “no pretendas llegar a ser un Zeus”. Además tenía un sentido profundo de los desafíos, de los grandes retos: “es un triunfo sin gloria, vencer sin riesgo”. La sabiduría hace feliz al hombre. “Feliz quien conoce lo que se oculta bajo la tierra y sabe el fin de la vida y su origen divino”. La vida moral para el gran lírico de Tebas tiene su recompensa en la vida futura: “los buenos iluminados por un sol que les hace iguales sus noches y sus días, reciben por herencia una vida sin las penas de la nuestra. No necesitan emplear la fuerza de sus brazos para cultivar la tierra y domar las ondas del mar a fin de sostener una pobre vida... los que han amado la sinceridad y la buena fe llevan una existencia sin lágrimas; mientras los malos tienen que sufrir un castigo que las miradas no pueden soportar...” En suma, para Jaeger, Píndaro es “el más grande guía en el arte de educar y de alentarnos en el orgullo de las grandes empresas”. La areté es la excelencia y sólo consiguen la victoria los que la cultivan. La autoestima y profunda convicción de triunfo son necesarias, como lo expresó Virgilio cuando describió a los triunfadores de las regatas: “pueden, porque creen que pueden”. *Profesor de Deontología jurídica del Departamento de Derecho |
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