30 de agosto Número 130

Nueva Época
Capilla



La dimensión espiritual en el trabajo de Tagore

Uno de los poemas más memorables de Rabindranath Tagore comienza con la frase “El mundo está enfermo con violencia, todos los días aparece una nueva forma de conflicto cruel”. Tagore continua rezando al Todopoderoso para que le envíe amor y sabiduría a un mundo afligido con múltiples enfermedades. Esto refleja el centro del humanismo espiritual de Tagore.

Haciendo énfasis en la necesidad de una libertad espiritual, se refiere a los excesos incontrolados de la pasión que rompe nuestro balance y oscurece la armonía interior entre el individuo y el espíritu universal. Esta maldad a la cual él llamó “pecado” distorsiona nuestra libertad en los alcances de la materia, el pensamiento y el espíritu.

La “religión del Hombre” como está enunciada por Tagore, es un llamado a la fe en la sublimidad del hombre, ya que nada es más grande que la Divinidad en el hombre. En sus propias palabras: “Cuando tenía 18 años una repentina brisa de primavera de experiencia religiosa, vino a mi vida por primera vez y pasó dejando en mi memoria un mensaje directo de la realidad espiritual... Lo que fue memorable de esta experiencia, fue su mensaje humano, la repentina expansión de mi conciencia en el mundo superpersonal del hombre... De pronto estuve consciente de un pedazo de alma dentro de mí. Mi mundo de experiencia en un momento pareció ser enriquecido y los hechos que se habían desprendido y parecían perdidos lograron una gran unidad de significado... sentí que había encontrado, por fin, mi religión, la religión del Hombre en la cual el infinito está definido por la humanidad...” Esta idea encontró expresión en sus poemas, los cuales llamó Jiván Devata, La vida de Dios. (...) .

Se sentía una persona con naturaleza e inspiración derivada de la poesía. Él la vio como la manifestación física del espíritu universal y expresó esta experiencia a través de su poesía. Sus meditaciones sobre Dios, el hombre y la naturaleza, especialmente en el Gitanjali (ofrenda de canciones al infinito) no solamente reflejó la percepción Vendantica del Absoluto sino que también conllevó el ardor de un amor a Dios.

Los valores eternos del Budismo, por ejemplo, le parecieron tan significativos como la idea de un Ser Supremo del Upanishadic. Con el espíritu humano afligido por la pena, la violencia y el odio, el alma atormentada del poeta clamaba por el toque sanador del Buda.

“Oh serenidad, oh libertad./

en la inconmensurable clemencia y divinidad/

limpia las manchas oscuras del corazón de esta tierra.”

(...)

La invocación del poeta a la divinidad por la redención de su país en Gitanjali es uno de los poemas más memorables:

“Donde el alma es sin miedo y la cabeza se mantiene en alto/

donde el conocimiento es libre/

dónde el mundo no ha sido roto en fragmentos por estrechas paredes domésticas;/

donde las palabras salen de lo profundo de la verdad;/

donde sin cansancio alargamos los brazos hacia la perfección:/

donde el claro arroyo de la razón no ha perdido su camino en el desierto de arena de los hábitos muertos;/

donde la mente está dirigida hacia delante por el Señor hacia un pensamiento ampliado y a la acción/

en ese paraíso de libertad, mi padre, despertó a mi país”.

Tagore se consideró a si mismo un peregrino solitario en la eterna búsqueda de vientos sin fronteras que están quizás más allá del realismo de la experiencia humana. Su vida fue una permanente búsqueda de una forma espiritual de expresión religiosa, enraizada en el espíritu de la tradición de la India.

*Tomado de: Union Mondiale des Anciens Eleves/ees de la Compagnie de Jesús. http://www.jesuitalumni.org/est/doc/tagores.htm.

Enviado por el Centro Universitario Ignaciano