14 de febrero Número 149

Nueva Época
Página 5

La Distribución de la Riqueza y del Ingreso Factorial en México

Rodolfo De la Torre* y A. Héctor Moreno**

1. Reformas económicas y desigualdad  

México realizó profundas transformaciones a su estructura y organización económicas durante las últimas dos décadas. Abandonó un esquema con una gran intervención del estado, fuerte regulación y baja apertura al comercio y las inversiones externas. Diversos estudios se han ocupado de medir el grado de acercamiento de la economía mexicana a un sistema con mercados más libres a partir de la década de los ochenta (ver PNUD, 2003, p.76). Estos índices, basados en el tamaño del gobierno, en la seguridad de los derechos de propiedad, en la existencia de una razonable política monetaria, en la libertad del comercio internacional y de las transacciones financieras externas y en la regulación a los mercados, asignan al índice un valor de cero a economías con alta injerencia del gobierno y un valor de 1 a las que prácticamente funcionan mediante un mercado irrestricto. De acuerdo a este conjunto de indicadores, la economía mexicana tuvo su mayor avance hacia una economía de mercado entre 1985 y 1990, continuando con mayor lentitud hasta 1995.

 

Fuente: PNUD (2003)

 

Los resultados distributivos recientes muestran una ligera reducción en la desigualdad entre 1992 y 2002. El 20% de los hogares más ricos han pasado de captar el 50.31% a concentrar el 47.07% del ingreso, mientras que el 20% de los hogares más pobres han elevado su participación en el ingreso total de 6.22% a 6.72%. Pese a lo anterior, la desigualdad se encuentra en niveles sumamente elevados, presenta fluctuaciones y su tendencia no es clara: el 20% de los hogares más ricos no han reducido su porción captada del ingreso por abajo del 47%, los periodos de contracción económica han significado reducciones en la desigualdad y los de expansión no tienen un impacto en un sólo sentido.

Ante este panorama, el presente artículo ofrece elementos adicionales para conocer los determinantes del nivel y la tendencia de la desigualdad existente en México. Para ello, se examina la distribución de la riqueza lo que permite conocer la base de los procesos distributivos: a partir de qué niveles de riqueza se genera la desigualdad del ingreso en los procesos de producción e intercambio. Por otro lado, el ingreso factorial, que sólo considera lo obtenido por el pago a factores de producción, permite conocer la desigualdad que persistiría de no darse transferencias de ingreso entre los hogares. A continuación se examina con detalle lo que para este trabajo constituye la riqueza y el ingreso factorial estudiados.

2. La Riqueza y su Distribución en el Tiempo.

En los planteamientos más abstractos sobre el funcionamiento de una economía de mercado, se establece que los individuos inician su participación con un acervo inicial de recursos. Esta riqueza, compuesta por múltiples tipos de activos, es utilizada en la producción u ofrecida para el intercambio. El mecanismo del mercado se encarga de establecer un precio relativo para los servicios proporcionados por los acervos productivos, lo que explícita o implícitamente define un flujo de ingreso para sus propietarios. A este ingreso puede agregarse aquel no relacionado con la posesión de activos, como las transferencias privadas o gubernamentales. De esta forma, la riqueza puede concebirse como el fundamento del cual parte el proceso que conduce al ingreso básico, la remuneración a los factores productivos. En el párrafo siguiente, se examina con detalle lo que para este documento constituye la riqueza en dos de sus principales vertientes: la riqueza transferible y la riqueza en capital humano.

Con respecto a la riqueza transferible, ésta contempla la riqueza Física y Financiera de los hogares una vez que se descuentan los principales montos de deuda. La riqueza financiera se refiere al valor monetario de los principales instrumentos financieros en posesión de los hogares como: inversiones a plazo fijo, cuentas de ahorros, bonos, acciones, bienes raíces y préstamos a terceras personas. Por otro lado, la riqueza física de los hogares se refiere a la valuación monetaria su vivienda. Debido a que la riqueza financiera descuenta el valor de los principales montos de deuda, el concepto de riqueza total neta representa al conjunto de acervos disponibles de lo hogares.

Existen distintas posturas sobre lo que debe considerarse como capital humano; sin embargo, una importante línea de pensamiento considera como activos de capital humano al conjunto de capacidades que, al manifestarse en actividades productivas, generan ingreso en sus propietarios. Desde esa perspectiva, distintas combinaciones en los acervos de educación, nutrición, salud y experiencia pueden ser empleados para obtener rendimientos por su uso productivo en los mercados. Considerando la dificultad de aproximar los niveles de nutrición y salud de los hogares con la información disponible, la definición de acervos de capital humano empleada en este documento se restringirá a su componente educativo. Así, las estimaciones sobre el nivel y distribución de estos acervos se realiza empleando la escolaridad de las personas mayores a 12 años para cuantificar al conjunto de capacidades que puede traducirse en ingresos.

 

La gráfica 1 muestra un incremento en la desigualdad de este acervo entre 1998 y 2000. Lo anterior confirma la idea que en este periodo ocurrió un repunte en la desigualdad motivado por la apreciación en la riqueza física de los hogares con mayor ingreso, y podría indicar que fueron los estratos de mayores ingresos quienes obtuvieron las mejores oportunidades para acumular riqueza al aprovechar los beneficios del crecimiento económico.

La misma gráfica muestra que el capital humano es el acervo con los menores niveles de desigualdad y su tendencia es la más estable en el tiempo. Lo anterior se explica por la gratuidad en el acceso a la educación básica y a su lento proceso de acumulación de capital humano. Aunque sus variaciones fueron reducidas, se registraron incrementos durante el periodo de crisis y crecimiento económico (1996 y 2000 respectivamente). Estos resultados podrían deberse a un efecto doble que ocurre en los extremos de la distribución. Primero, al elevado costo de oportunidad de estudiar durante periodos de incertidumbre económica para los estratos de menores ingresos, en segundo lugar, a las oportunidades que tienen los hogares más afluentes para incrementar su nivel de escolaridad por encima del promedio nacional en periodos de expansión económica.

3. Evolución de la desigualdad del ingreso factorial

De acuerdo a la información de las Encuestas de Ingresos y Gasto de los Hogares más recientes, el ingreso factorial monetario representa alrededor de 68% del ingreso de los hogares, y es captado por un promedio de 1.73 perceptores ocupados por hogar.

 

 

El índice de Gini para el ingreso factorial, muestra un incremento de la desigualdad entre 1992 y 1998 para luego reducirse. Por su parte, el índice de Theil ponderado por población se incrementa entre 1992 y 1994; no presenta cambios significativos de 1994 a 1998 y posteriormente se reduce. En cambio, el coeficiente de variación muestra un comportamiento diferente, fluctuaciones entre 1992 y 1996, para luego aumentar sostenidamente. Asimismo, una conclusión que avalan todos los indicadores es que la desigualdad en 1998 fue notablemente mayor a la registrada en 1992. El nivel de desigualdad del ingreso monetario factorial es similar al registrado para la riqueza transferible neta total.

Comentarios finales

La distribución de los activos analizada permite conocer a partir de qué niveles de riqueza se genera la desigualdad del ingreso en los procesos de producción e intercambio. Por otro lado, el ingreso factorial, que sólo considera lo obtenido por el pago a factores de producción, permite conocer la desigualdad “subyacente”, es decir, aquella que persistiría de no darse transferencias de ingreso entre los hogares y del sector público a éstos, y sin contar los ingresos no monetarios .

A pesar de la tendencia decreciente en la desigualdad de la riqueza total neta, se encontró un repunte durante los periodos de recuperación y crecimiento económico. Si se considera que 1998 y 2000 se caracterizaron por altas tasas de crecimiento, lo anterior constituye evidencia de que el periodo de mayor crecimiento en la década benefició a los hogares más ricos, quizá como consecuencia del tipo de crecimiento que experimentó el país.

Por otra parte, los índices de desigualdad para el capital humano muestran incrementos, tanto para el periodo de crisis como para el de crecimiento económico (1996 y 2000 respectivamente). Esto se debe a que cada año de escolaridad es valuado idénticamente y no de acuerdo a sus rendimientos de mercado.

La comparación en la distribución de los activos estudiados muestra que sólo la riqueza en capital humano (acervos no transferibles) esta mejor distribuida que el ingreso corriente total. En lo que se refiere al ingreso factorial monetario, cabe mencionar que el nivel de desigualdad es similar al registrado para la riqueza transferible neta total.

En conclusión del análisis de la distribución de la riqueza física y financiera, surge un panorama de desigualdad más alarmante que la detectada en el ingreso de los hogares, mientras que el ingreso factorial muestra tendencias de deterioro distributivo que otros tipos de ingreso ocultan.

 

* Director del Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social, Universidad Iberoamericana.

** Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social, Universidad Iberoamericana.



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