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Economía Internacional

La Relación Comercial entre México y Estados Unidos

 

Ninfa Fuentes

Coordinadora de Desarrollo de Negocios yAsesora de Proyectos del Centro de Investigación y Docencia Económica y profesora de la Universidad Iberoamericana.

 

Actualmente encontramos en el hemisferio occidental tres procesos de integración regional que se superponen. El primero tiene como eje el complejo de América del Norte, centrándose en los Estados Unidos e incluyendo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), acuerdos preferenciales como la iniciativa para países de la Cuenca del Caribe, así como acuerdos bilaterales que emanan no solo de Estados Unidos, sino también de México y Canadá. El segundo proceso es intra latinoamericano y parte de cinco esfuerzos sub-regionales que encuentran también elementos de intersección, el Mercado Común Centroamericano (MCACM), el Mercado Común Caribeño (CARICOM), la Comunidad Andina, el Mercado Común del Cono Sur (Mercosur) y el G-3 (México, Colombia y Venezuela). Finalmente, el tercer proceso incluye todo el hemisferio a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

El intercambio comercial entre México y Estados Unidos se inscribe en el marco conformado por dos tratados de esta red de acuerdos comerciales, el TLCAN y el ALCA. Actualmente esta relación enfrenta diversos retos. El TLCAN se concibe como un área de oportunidad y de beneficios que dado el nivel de concentración comercial que ya existe, no pueden expandirse fácilmente. Por otra parte, el ALCA y la creciente preocupación de Estados Unidos por su seguridad se perciben como una amenaza a dicho intercambio. Sin embargo, las amenazas reales no se encuentran en la configuración exterior del esquema de comercio exterior de México, sino en los problemas su interior que impiden transformar estas supuestas amenazas en oportunidades.

El ALCA es la iniciativa de liberalización comercial regional más ambiciosa en el continente tanto por el número de participantes como por los temas que plantea. La agenda cubre una serie de temas con una alta complejidad y el proceso de negociación se vuelve aún más complicado si se considera que los plazos de negociación son muy reducidos y que cada país debe integrar nueve grupos de negociación. Estados Unidos es el país que marca el ritmo de avance en la negociación del ALCA mientras que el Mercosur, apuntalado por Brasil, ejerce un contrapeso limitado a dicho liderazgo. México y Canadá, por su parte, mantienen una posición de reserva con respecto a los avances de este proceso ya que perciben como contraria a sus intereses la erosión de sus preferencias comerciales con Estados Unidos a partir de la ampliación de las mismas al resto de los países de América. Después del 11 de septiembre, con el viraje de Estados Unidos hacia los temas vinculados con su seguridad, el ALCA ha quedado estancado. Los acuerdos que se han concretado son menores, porque lo más que puede esperarse como resultado final es un acuerdo sumamente diluido y con numerosas excepciones, aún en el poco probable caso de que Brasil y Estados Unidos lograran superar sus diferencias. De esta manera, el efecto de un acuerdo tan poco operante será casi nulo tanto para México como para Estados Unidos.

Por otra parte, el TLCAN ha dado un gran dinamismo al comercio e inversión en América del Norte y sin lugar a dudas se ha vuelto estratégicamente importante para los planes de desarrollo mexicanos. Desde la perspectiva de México, los resultados del TLCAN tienen muchos matices. El TLCAN ha tenido aspectos positivos como el incrementar las exportaciones y los flujos de inversión, construyó un andamiaje institucional en el comercio con Canadá y Estados Unidos, y brindó certeza acerca de la política económica que seguirá el país. Dentro de los rubros negativos, destaca el que ha incrementado la dependencia económica de México hacia los Estados Unidos, incrementando la vulnerabilidad del primero (Ortiz Mena, 2004).

Estados Unidos es el socio comercial más importante en la región, por lo cual su presencia estructura en gran medida, la red de acuerdos comerciales existente. Su poder comercial es mayor como demandante que como oferente y su mayor contrapeso son las naciones del Cono Sur. En medio de ambos polos se encuentra la mayoría de las naciones de la comunidad Andina y los países de América Central.

Dentro de los países cuyas exportaciones dependen en mayor medida del mercado norteamericano se encuentran México y Canadá, que dirigen a Estados Unidos más del 85% de sus exportaciones regionales. Dentro de la siguiente esfera se encuentran los países cuyas exportaciones van de un 70% a un 84%, formado por Surinam, Panamá, Jamaica, Costa Rica y Belice que dependen del mercado norteamericano del 65% al 77% de sus exportaciones. Guyana y los demás países centroamericanos conforman la siguiente esfera. En cuanto a las importaciones, la esfera de influencia estadounidense se encuentra mucho más difusa. En general, Estados Unidos ha importado más de lo que ha exportado a la región (Mace y Bélanguer, 1999).

Dentro de este marco, la relación comercial entre México y Estados Unidos se caracteriza principalmente por la asimetría, no solamente en cuanto a sus recursos económicos y de infraestructura, sino también en el interés de cada uno en la relación comercial. Para Estados Unidos el interés comercial en los países de América Latina es marginal, pero adquiere mayor importancia si los países se ubican dentro de su perímetro de seguridad y en la medida en que las cuestiones comerciales se vinculan con sus preocupaciones en materia de seguridad nacional. Por su parte, México tiene un interés vital en la relación comercial con Estados Unidos dado que concentra más del 80% del volumen de su intercambio comercial con este país ya que no posee opciones reales de diversificación pese a su vasta red de acuerdos comerciales. El comercio con América Latina muestra una tendencia decreciente; Europa y Asia son regiones a las que México ha prestado poco interés, y en el caso de Europa, se tiene la impresión de que el acuerdo establecido entre México y dicha región se encuentra operando por debajo de su potencial, especialmente del lado mexicano.

Sin embargo, el ataque del 11 de septiembre a Estados Unidos agregó una nueva dimensión al TLCAN, pues la misma apertura que promueve la integración económica se ha convertido en una fuente de inseguridad. De este modo, en la medida en que las fronteras económicas se han desmantelado ampliamente bajo la idea del libre comercio, las seguridad en las fronteras se ha vuelto un tema más sensible. Por ello, las autoridades estadounidenses han puesto en marcha una serie de medidas de seguridad en las fronteras norte y sur de los Estados Unidos.

Para Canadá y México estas nuevas políticas han tenido fuertes implicaciones: justo después del 11 de septiembre, las aduanas estadounidenses entraron en el nivel de alerta máximo (definido por una intensa y sostenida inspección), el tráfico de automóviles sufrió un retraso de varias horas y el tráfico comercial se demoró por más de 15 horas, llegando a retrasarse por varios días, afectando a los productores que operan bajo la modalidad "justo a tiempo", así como a exportadores de bienes canadienses y mexicanos. Como resultado,se incrementaron de manera muy importante los costos de transacción entre ambos países.

En el largo plazo esta situación supone un severo impacto a la integración regional que había sido construida en torno al TLCAN, pues se traducirá en nuevos y permanentemente mayores niveles de seguridad fronteriza que generarán mayores costos de transacción (actuarán como un arancel adicional al comercio entre los tres países), un nuevo impuesto a la inversión directa y constituirán un obstáculo a los viajes tanto de placercomo de negocios entre los tres países. A menos que los países del TLCAN puedan poner en marcha una serie de medidas que les permitan hacer frente a esta nueva realidad, el alto nivel de integración económica logrado podría comenzar a caer. Dada la concentración del intercambio comercial de México con los Estados Unidos, esta situación impactará significativamente la relación entre ambos países sin que Canadá pueda contrarrestar dicho efecto debido a los bajos niveles de comercio que mantiene con México.

En consecuencia, México debe buscar balancear su asimetría económica y de interés comercial con Estados Unidos vinculando al máximo nivel posible sus necesidades en torno a la relación comercial entre ambos países con las preocupaciones que Estados Unidos tiene en materia de seguridad. Para lograrlo debe estar en condiciones de ofrecer certidumbre y confianza en cuanto a sus procesos administrativos internos, lo cual requerirá un gran esfuerzo en cuanto a modernización administrativa en el combate de la corrupción. Además, requerirá una redefinición de su concepto de soberanía mucho más allá de la flexibilización que ya ha adquirido de tal manera que sea posible que Estados Unidos se involucre más en los procesos de comercio exterior de México para hacerlo co-responsable en al garantizar la seguridad en el intercambio comercial de México hacia Estados Unidos.

Sin embargo, México debe ser activo para dar a sus empresarios las mismas condiciones de costo-país e infraestructura que las que poseen sus competidores, trabajar en la reintegración de las cadenas productivas sin perder el dinamismo que se ha logrado a través del esquema de clusters en ciertos nichos de mercado, además de promover la existencia de políticas que acompañen al TLCAN para promover que éste impacte favorablemente a toda la economía y a la generación de empleos. En caso de lograrlo, a los beneficios que México obtendría de los incrementos en sus volúmenes de intercambio comercial con Estados Unidos se agregarían los derivados del aprovechamiento de nichos de mercado que utilizan el esquema comercial "justo a tiempo" y el convertirse en un puente seguro para que otros países hagan llegar sus bienes a Estados Unidos de una manera eficiente.

De esta manera, México se encuentra en una coyuntura favorable donde su vecino es el eje del intercambio comercial en la región y en el que la amenaza representada por la conformación del ALCA ha perdido relevancia. Su ubicación geográfica ha recuperado su importancia y se erige en la puerta de entrada a un gran número de oportunidades para obtener beneficios comerciales a los que no podrá acceder a menos de que esta vez sí sea capaz de resolver los rezagos que se encuentran bloqueando la entrada.