Lunes 18 de diciembre de 2006
 
 
La educación básica en el sexenio 2000-2006
  • Doctor Carlos Muñoz Izquierdo, director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), UIA y Doctora Marisol Silva Laya, investigadora del INIDE, UIA

Satisfacción de la demanda escolar

Al finalizar el sexenio del presidente Vicente Fox, la matrícula de educación básica alcanzó la cifra de 25.2 millones de alumnos (4.6 están inscritos en preescolar, 14.5 en primaria y 6.1 en secundaria). Esto permitió satisfacer 72.2 por ciento de la demanda potencial de la primera, 97.3 por ciento de la segunda y 92.5 por ciento de la tercera.

Cabe señalar que, a pesar de que el déficit de atención se concentra en los niños de tres años de edad (ya que sólo 30.3 por ciento tiene acceso a la enseñanza preescolar), el sistema educativo no está en condiciones de garantizar el derecho a la instrucción para todos los niños de esa edad. De esto se puede deducir la necesidad de revisar la obligatoriedad de esa modalidad educativa, al menos en los niños de tres años de edad; ya que, por un lado, no es muy claro el beneficio que reciben al iniciar su educación básica a esta edad, y por el otro, casi un millón y medio están fuera del sistema. Es importante mencionar que en el ciclo escolar 2008-2009 todos esos niños estarán obligados a cursar esa educación, como ya lo están hoy los que tienen entre cuatro y cinco años de edad.

Si bien la cobertura se amplía cada vez más, no deja de preocupar que aún haya niños fuera de la escuela (por haber desertado); y lo más grave es que estos infantes no se distribuyen en forma aleatoria entre los diferentes estratos sociales. En efecto, la correlación entre la situación socioeconómica de las familias y la probabilidad de que sus hijos asistan a la escuela no ha desaparecido. La menor proporción del total de menores que asiste a la escuela pertenece al decil de la población que percibe menores ingresos. Del mismo modo, se ha reconocido que existe una vinculación estructural del rezago educativo con la pobreza; por lo que la población joven y adulta sin educación básica pertenece primordialmente a los sectores sociales que se encuentran en situación de indigencia. Por tanto, podemos afirmar que la exclusión del sistema escolar sigue incidiendo con mayor fuerza en la población en situación de pobreza.

Con el fin de combatir estos problemas, el gobierno ha implantado algunos programas compensatorios, como el Programa para Abatir el Rezago en Educación Inicial y Básica (PAREIB) y el Programa Oportunidades. Sin embargo, diversos estudios –realizados por nosotros– han mostrado que, si bien el subsidio que reciben las familias de escasos recursos a través de Oportunidades ha logrado incrementar en forma sustancial la matrícula del sistema escolar –especialmente en la enseñanza secundaria–, esos programas no han sido exitosos respecto al aprovechamiento escolar. En efecto, hemos observado que, como consecuencia de una mayor captación en las escuelas de niños y adolescentes procedentes de familias que se encuentran en situación de pobreza, se ha ampliado la dispersión estadística del aprovechamiento académico, precisamente en las escuelas que funcionan en aquellas localidades a las que corresponden los mayores índices de marginalidad.

Lo anterior significa que en lugar de disminuir la brecha de desigualdad en el aprovechamiento, ésta se ha ampliado; de ello se desprende que el sistema escolar no está preparado –desde el punto de vista pedagógico– para incorporar, en forma académicamente eficaz, a los niños que se encuentran en situación de pobreza. Como es sabido, el aprovechamiento escolar no sólo depende del costo de oportunidad que representa asistir a la escuela, sino que también está determinado por la calidad y uso de los diferentes recursos (humanos, materiales y pedagógicos) de las escuelas, así como de los procesos que se desarrollan en el interior de las aulas.

Evolución del aprovechamiento escolar

Con el fin de aproximarnos a una valoración de este fenómeno, nos referiremos a un estudio realizado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) acerca de La calidad educativa de la educación básica en México 2005, el cual ofrece datos sobre los logros alcanzados por los niños de sexto de primaria y tercero de secundaria en las Pruebas de Comprensión Lectora y Matemáticas.

Ese estudio reveló que el aprendizaje obtenido en 2005 por los alumnos de sexto de primaria tuvo, en general, un aumento estadísticamente significativo en ambas pruebas, en relación con el que se había registrado en el año 2000. Adicionalmente, en primaria, la proporción de alumnos que se ubica en el nivel más bajo de lectura disminuyó al pasar de 25 por ciento en el año 2000 a 16 en 2005, simultáneamente el porcentaje de estudiantes en el nivel más alto aumentó de 23 a 33 por ciento. En matemáticas, el porcentaje de alumnos ubicados en el nivel más bajo pasó de 24 a 20 por ciento, mientras que el ubicado en el nivel más alto se incrementó ligeramente (de 25 a 31 por ciento).

Por otra parte, los resultados obtenidos por los alumnos de tercero de secundaria son menos favorables, especialmente en el caso de matemáticas donde, a excepción de las secundarias generales, no se experimentaron adelantos, sino que incluso disminuyeron sus puntajes. Sólo las secundarias generales presentaron cambios significativos en los resultados de ambas pruebas. Al mismo tiempo, el INEE advierte que la proporción de alumnos ubicados en los niveles más bajo y más alto cambió poco, lo cual se deriva del hecho de que no se experimentaron mejorías significativas en el aprendizaje de los alumnos de la secundaria.

Los resultados obtenidos en la secundaria ponen de manifiesto la necesidad de atender de manera especial este nivel, ya que éste presenta graves problemas, entre los que destaca la inequitativa distribución de recursos económicos, docentes, directivos y apoyos técnicos; así como la enorme sobrecarga de temas y de asignaturas por grado, que obstaculiza la apropiación y dominio de los objetos de estudio y, con ello, el desarrollo de las competencias intelectuales.

Capacidad del sistema para preparar adecuadamente a los recursos humanos que requiere el país

Como sabemos, México ha firmado tratados de libre comercio con diferentes países y bloques económicos del mundo. Esto obliga a nuestro país a asegurar que los recursos humanos que son preparados en su sistema escolar alcancen estándares de calidad semejantes a los que prevalecen en los países con los que ahora está competiendo.

Además de que los niveles de la preparación que adquieren nuestros recursos humanos están estrechamente relacionados con la justicia social, la situación arriba mencionada justifica que la calidad de la educación que se imparte en nuestro sistema escolar sea evaluada a partir de parámetros externos. Esta es, probablemente, una de las razones por las cuales México ha decidido participar en el Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (conocido como PISA por sus siglas en inglés), que administra la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En la evaluación de la calidad de la educación básica realizada por ese programa en el año 2003 participaron 41 países, 30 de los cuales –incluido el nuestro– pertenecen a la OCDE.

En el cuadro siguiente se puede observar que, de acuerdo con dicha evaluación, México es uno de los cuatro países que ocuparon los últimos lugares, en las cuatro escalas utilizadas en la evaluación realizada por el PISA en el año 2003; y la gráfica que viene después muestra la distribución de los alumnos entre diferentes niveles de aprovechamiento en matemáticas. En ella puede observar que 86.8 por ciento de los jóvenes mexicanos obtuvo rendimientos inferiores al que el PISA denomina nivel tres –cuyo valor corresponde a la moda estadística de la distribución de los alumnos que fueron evaluados– mismo que puede ser considerado como un nivel de aprovechamiento “suficiente”.

Ubicación de México en diversas escalas de medición del PISA 2003

MATEMÁTICAS

LECTURA

CIENCIAS

SOLUCIÓN DE PROBLEMAS

Promedio de la OCDE

500.00

Promedio de la OCDE

494.2

Promedio de la OCDE

499.61

Promedio de la OCDE

499.99

MÉXICO

385.22

MÉXICO

399.72

MÉXICO

404.9

MÉXICO

384.39

Indonesia

360.16

Indonesia

381.59

Indonesia

395.04

Brasil

370.93

Túnez

358.73

Túnez

374.62

Brasil

389.62

Indonesia

361.42

Brasil

356.02

-------

-------

Túnez

384.68

Túnez

344.74

Fuente: Elaboración propia con base en ocde, 2004. Programme for Internacional Student Assessment, Learning for Tomorrow´s World: First Results from pisa 2003, París, OCDE

Porcentaje de estudiantes en cada nivel de desempeño de la escala de matemáticas. PISA 2003

Fuente: Elaboración propia con base en ocde, 2004. Programme for Internacional Student Assessment, Learning for Tomorrow´s World: First Results from PISA 2003. París: ocde

Se podría pensar que esos resultados pueden ser atribuidos a las notables diferencias que existen entre las condiciones socioeconómicas de nuestra población y las de la mayoría de los demás países pertenecientes a la OCDE. Sin embargo, el análisis, algunos estudios que hemos realizado demostraron que ese supuesto no es totalmente correcto. En efecto, al controlar la escolaridad de las madres de los educandos (la cual, como se sabe, es un fuerte predictor del nivel socioeconómico de sus familias), pudimos detectar que –en los diferentes niveles de educación materna que fueron considerados en el análisis– los jóvenes mexicanos obtuvieron rendimientos inferiores a los que, en promedio, lograron los estudiantes que fueron evaluados en los demás países miembros de la OCDE, cuyas madres alcanzaron los mismos niveles de escolaridad registrados en este análisis.

También analizamos las relaciones entre el rendimiento y las condiciones socio-económicas. Al comparar el rendimiento que nuestros jóvenes obtuvieron en la prueba de matemáticas con los que, de acuerdo con una ecuación de regresión múltiple estimada por la OCDE, corresponderían a nuestro Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, al índice internacional de las ocupaciones de los padres de nuestros estudiantes (que es otro de los importantes predictores de las condiciones socioeconómicas de las familias de los mismos), y al gasto educativo que en México se hace por cada alumno de seis a 15 años de edad encontramos lo siguiente:

Niveles de rendimiento en matemáticas que, de acuerdo con los cálculos de la OCDE, corresponderían a las condiciones macroeconómicas del país

Fuente: Elaboración propia con base en ocde, 2004. Programme for Internacional Student Assessment, Learning for Tomorrow’s World: First Results from pisa 2003, París, ocde.

Como se puede apreciar, los resultados obtenidos por nuestros jóvenes consistentemente están por debajo de los que “en teoría” corresponderían al nivel de desarrollo del país. De esta evaluación, que se aplica a estudiantes de 15 años quienes por lo general han concluido la educación básica, se desprende que tal nivel educativo enfrenta limitaciones para formar las competencias básicas que los jóvenes requieren para desenvolverse plenamente en la sociedad. Lo que más preocupa es que el PISA se dirige a valorar no sólo contenidos, sino las aptitudes de los jóvenes en estas áreas. Nuestros jóvenes tienen dificultades para analizar, razonar y comunicar sus ideas eficazmente. Esto, entre otras cosas, cuestiona la relevancia del currículo de la educación básica. Por tanto, los resultados de esta evaluación deberían ser motivo de especial atención al planear el futuro de la educación básica de nuestro país.

 
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